Operación anguilla
Operación anguilla
Por: José de Jesús Tejada Maury
Renato un niño inquieto de tan sólo ocho años
de edad se encontraba no sólo preocupado, también desesperado por todos los
comentarios que a diario escuchaba, tanto en su hogar paternos como en la
escuela en donde estudiaba cuarto grado de básica elemental.
Su país, una patria llena de abundantes
recursos naturales de toda índole, además de la biodiversidad que la
caracterizaba ya que se encontraba ubicada en zonas de costas marinas con
extensas dimensiones.
Era el comentario a diario, las amenazas de que
su país iba a ser invadido por una potencia extrajera, amiga del saqueo, del
robo, del asesinato y de constantes agresiones. Desafortunadamente su país
tenía unas fuerzas armadas muy débiles, sin capacidad de respuesta o de tan
siquiera defender su soberanía, pero a pesar de ello era un pueblo con mucha
dignidad.
Todos los días dialogaba esta situación con sus
compañeros de escuela, con sus docentes, los cuales sólo recomendaban estar
preparados para morir si se daba el caso de alguna invasión. Renato también
dialogaba con los hijos de los agricultores y pescadores ya que en su escuela
había esta diversidad de estudiantes, ya que era una escuela pública.
Por otro lado, también las asociaciones de
vecinos se alistaban para recibir los embates de las agresiones anunciadas de
parte de los invasores, los cuales amenazaban con rodear a su país con sus
portaaviones nucleares, con sus submarinos y además de lanzarles toda clase de
misiles desde sus imponentes acorazados.
Algo que llamaba mucho la atención de sus
padres, es que éstos niños después de salir de la escuela se reunían so
pretexto de hacer tareas en grupos y después practicar algún deporte de sus
gustos.
Los niños en un grupo de cinco, en edades
comprendidas entre ocho y doce años; también se dedicaban a consultar sobre
temas de ciencias lo cual se convirtió en su más preciado hobby.
Tenían familiares que trabajaban en empresas de
energía, un tío era especialista en redes de alto voltaje, aun cuando ellos
conocían perfectamente que en su pueblo había personas que hurtaban
electricidad tomándola desde las torres de alta tensión, se habían vuelto
expertos en esa actividad, muchos ingenieros quedaban sorprendidos debido a que
no entendían cómo de una línea de ciento diez mil voltios, lograban mediante un
sistema sencillo de recipientes llenos de agua y colocados los cables en serie,
obtenían 110 y 220 voltios.
Los
ingenieros sabían que para esto se necesitaban grandes transformadores, sin
embargo, la necesidad de proveerse de este fluido eléctrico los ponía a
desarrollar toda clase de ideas para aprovechar la soledad y las regiones por
donde pasaban dichas redes.
Renato en broma dijo: a esos invasores como
pretendan atacarnos los voy a electrocutar a todos y los voy a reducir a
cenizas. Todos sus amigos soltaron la carcajada. Uno de ellos dijo la idea no
está tan mal, pero ¿cómo vamos a hacerlo? Se preguntaron.
Renato respondió introduciendo una línea de 100
mil voltios al mar para que queden chamuscados los barcos, submarinos y todo lo
relacionado. Parecía una locura por todos los riesgos que ello implicaría ya
que tenían que retiran a todas las personas de las costas marinas, asegurar sus
embarcaciones, proteger a todos los pescadores y todo lo relacionado. Dijo eso
no importa, por la dignidad de nuestro pueblo estoy dispuesto a sacrificarme,
sólo necesitamos como máximo tres minutos, ya que la corriente se trasmite por
el agua salada y esos barcos y submarinos explotarán como fuegos artificiales,
además esos invasores quedarán reducidos a un polvillo de color negro.
Podemos improvisar en una choza todos los
dispositivos para colocar los interruptores que conducirán la electricidad
hasta el mar, explicó Renato.
Renato
ya había tocado este asunto con su tío que era experto en el manejo de redes de
alto voltaje.
No lo pensaron dos veces, alertaron a todos los
pescadores para que se retiraran del mar. Ya ellos habían introducido varillas
de cobre en el suelo marino hasta un kilómetro de la costa y unas mallas
metálicas para la conducción de la electricidad, acordaron aplicar por tan solo
cinco minutos como máximo la corriente eléctrica, prepararon los trajes
especiales y adecuaron la choza desde donde habrían de cerrar el circuito para
dar paso a lo que ellos denominaron la operación anguilla.
Ya los barcos de los invasores rodeaban a las
costas de su país, había submarinos también.
Muy meticulosamente los jóvenes se retiraron
para sus residencias dejando a cargo sólo a una persona.
Se escuchó una tremenda explosión, se veía a lo
largo de las costas barcos incendiados, soldados incinerados en fracciones de
segundos, los submarinos explotaron, todo quedó reducido a cenizas, tan solo se
necesitaron tres minutos, los invasores no esperaban ese golpe certero. Todas
las naves fueron destruidas el incendio fue voraz, cuerpos calcinados, restos
de chatarra flotando en las costas.
Les habían dado una tremenda lección a los
invasores, el silencio nos e hizo esperar, nadie supo que fue lo que sucedió.
Tranquilícese señor lector, que esta es solo
una historia de ciencia ficción.
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